Por Esto nos gusta tanto el fútbol

Por Juan Pablo Varsky
No hay con qué darle. Es inigualable. Podemos explicarlo millones de veces. Pero hay momentos en los que la razón se agota. Y ahí no nos queda otra que decir: esto es fútbol. Ha sido un fin de semana maravilloso, de esos que nos reconcilian con la esencia de este juego sagrado, al que hoy caprichosamente me negaré a llamar deporte.  
Argentinos Juniors está a un triunfo de consagrarse campeón. Lo logró por última vez en el Nacional 1985 y con Claudio Borghi, su actual DT, como delantero central de un equipazo que ese año también levantó la Copa Libertadores. Alcanzó la punta del Clausura en un partido épico e inolvidable. Lo ganaba 1-0, lo perdía 1-3 y llegó al éxtasis con el gol de su capitán Matías Caruzzo.

En el medio, pasaron un montón de cosas. José Luis Calderón, quien cumplirá 40 años en octubre, ofreció una clínica de fútbol con pases gol para el 1-0 y el 4-3. Emociona verlo, impecable físicamente y con todo el conocimiento del juego para elegir siempre la opción más favorable a su equipo. Los chicos que recién empiezan en Primera deberían tomarlo como ejemplo. El fútbol argentino necesita de muchos Calderones. Pero tras el primer festejo de Argentinos, Leonel Núñez tomó el partido por asalto. Hizo un golazo olímpico y pidió perdón por cumplir la ley del ex. Intratable, marcó el tercero y volvió a rogar por disculpas. Impresionaba el contraste entre su tierno rostro y su feroz pie derecho. El debate interno entre su mente y su corazón lo dejó exhausto. Tolo Gallego le tuvo piedad y lo sacó. Puso al lateral Vallés para "cerrar el partido". Y lo abrió. Los cambios son los mensajes más claros que mandan los entrenadores durante el juego. Cuando coinciden la intención y el efecto de la decisión, se convierten en maestros de la estrategia. Cuando salen mal, devienen burros o cobardes, crueles etiquetas de hinchas y periodistas. Todos aciertan y todos se equivocan. Ayer Gallego quedó expuesto con esta modificación influyente. Su equipo perdió la pelota y pasó a defenderse bien cerca de su arquero, con los riesgos del caso. Sólo los secretos del fútbol pueden comprender este colapso de Independiente que, tras gobernar todo el torneo, perdió cuatro de sus últimos seis partidos. Adrián Gabbarini, de gran campeonato y flamante debut seleccionado, recibió siete goles en los últimos dos. Había sufrido apenas 11 en los 16 anteriores, con nueve vallas invictas. Rehén de su obsesión por salir campeón siempre, Tolo terminó echándoles la culpa a sus "jugadores medio pelo" y quedó desacreditado como líder de este grupo.  

Fotos | Sebastián Domenech
Mientras tanto, con el 3 a 1 parcial del Rojo, Estudiantes necesitaba de un gol para dar la vuelta olímpica en la cancha de Quilmes contra Central. Pero jugaba con uno menos. ¿Desde qué lugar se puede explicar la agresión de Sebastián Verón? Estamos hablando de un consagrado, que jugará su tercer Mundial a los 35 años, imagen de empresas, ídolo de chicos. Ayer tiró un codazo alevoso y fue correctamente expulsado por Federico Beligoy. Ahí adentro todos perdemos la cabeza. Ortega, Zidane, Diego en el ’82, cualquiera de nosotros en un picado amateur. ¡Cuánta razón tenía Albert Camus! Por estas cosas, propias de la dinámica de lo impensado, también amamos al fútbol. Porque nos sorprende. Aún con 10, el mejor equipo argentino 2006-2010 (gracias a Verón) tuvo oportunidades para ganar el partido. La última quedó reservada para Desábato. Y la tiró por arriba. "Estudiantes molesta", aseguró el zaguero post partido sin autocrítica. Con el mismo espíritu, Enzo Pérez dijo: "nos quieren voltear" No es la primera vez que un equipo recientemente ganador apela al argumento de la conspiración para justificar una decepción. Por suerte, existen tipos como Alejandro Sabella. El entrenador pincha no lloró, no quiso hablar del árbitro y regaló esta frase: "un título más o un título menos no cambia lo que están haciendo estos jugadores" El fútbol argentino necesita de muchos Sabellas.  
Sólo este juego puede ofrecer una definición como la de la Primera B Metropolitana del pasado sábado. Tras perder una ventaja de 13 puntos en las últimas 12 fechas, Sarmiento de Junín debía ganarle a Flandria para consagrarse campeón. Pero perdió, con polémica por una jugada bien invalidada. Almirante Brown completó su espectacular reacción con un triunfo ante Atlanta y dio la vuelta olímpica.  
¿Cómo no decir "fútbol en estado puro" cuando Rogelio Funes Mori, el juvenil 9 de Ríver, le marca tres goles a Racing en 20 minutos? Sí, el mismo chico que vivió un verdadero calvario tras aquel mano a mano entregado en el clásico ante Boca. Metió un cabezazo para completar una excelente jugada colectiva y dejó de ser Fujimori. Lleno de confianza, amagó, se frenó y después pateó para el 2 a 0. De esto también hablamos, de estados de ánimo, cuando hablamos de fútbol. Pregúntenle a Rodrigo López, autor de un póker contra Chacarita, si no acepta cambiarlo enterito por un gol más de Vélez contra las Chivas mexicanas.  
El sábado, Barcelona estaba paseando al Sevilla. Le ganaba 3 a 0 y no le dejaba tocar la pelota. Era un deleite. En el Bernabéu, Real Madrid no podía pasar del empate contra Athletic Bilbao. Con esos resultados, Barsa era campeón. Sin embargo, Sevilla marcó dos goles en dos minutos y el Madrid se despachó con cuatro en el último cuarto de hora para la goleada por 5 a 1. Con el 2-3 en el Sánchez Pizjuán, un gol más de Sevilla dejaba a los blancos en el primer lugar. El equipo de Guardiola, aun con supremacía numérica, terminó defendiéndose como el Inter de Mourinho en aquella noche del Camp Nou. Solamente el fútbol puede ofrecernos tan inesperado giro. Mientras tanto, el Inter "anti-fútbol" metió un golazo tras otro. El miércoles pasado, Milito la clavó desde afuera del área contra Roma y decidió la Copa Italia. Cuatro días más tarde, levantó la cabeza, vio al arquero de Chievo Verona adelantado y se la sirvió de emboquillada. Minutos antes, Cambiasso había llegado por sorpresa y con la zurda lo había dejado de estatua. Únicamente este juego nos puede ofrecer tanto debate de estilos y maneras de interpretarlo. En Inglaterra, Chelsea se consagró campeón dando espectáculo con un 8 a 0 ante Wigan. ¡Ballack jugó de cinco! Lampard, Malouda, Kalou, Anelka y el impactante Drogba completaron un bloque súper ofensivo que pocas veces se descompensó. En un registro diferente al de Barcelona, es un equipazo. En Alemania, Louis "libreta nunca falla, fallan los jugadores" Van Gaal fue empapado en cerveza por sus futbolistas en la celebración de otro título del Bayern Munich. El holandés ha salido de su rigidez táctica para armar un equipo bien creativo con extremos como Robben y Ribery (juegan con los perfiles invertidos), un mediapunta Müller, la revelación, y un gran definidor como Olic.  
Un minuto después del cambio Vallés-Núñez, Canuto le puso la pelota en la cabeza a Pavlovich para el 2-3. El defensor había reemplazado a Prósperi. No estaban disponibles por sendas lesiones ni el chileno Hernández ni Coria, dos de los enganches del equipo. Borghi no quiso incluir a los juveniles que estaban en el banco (Rotondi y Jaime) porque "no era momento para los pibes". En la zona del cómo sea, Sabia pescó un rebote y lo empató, en simultáneo con el tiro desviado de Desábato en la cancha de Quilmes. Y en la última jugada, el enorme Calderón se la dejó servida a su capitán Caruzzo para desatar la locura en el Maradona Stadium, que tuvo a Diego en uno de los palcos. El fútbol se sigue riendo de pronósticos y sentencias. Nos deja en ridículo en cuestión de minutos. Por eso es inigualable. A este juego sagrado, no hay con qué darle.  
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